Una feminista egipcia defeca y menstrúa sobre la bandera de ISIS

Una feminista egipcia defeca y menstrúa sobre la bandera de ISIS

Las propias musulmanas se enfrentan en las redes a propósito de la conveniencia del uso del hiyab o el burka. La guerra dialéctica que sostienen es encarnizada. Entre las más abiertamente hostiles a cubrirse la cabeza se hallan las secciones árabes de Femen. Por si a alguien le quedaba alguna duda acerca de la aversión que el islamismo les produce, la feminista egipcia Aliaa Magda Elmahdi volvió a cubrir de heces y sangre menstrual las banderas de ISIS el sábado pasado. Eso sí, esta vez fue con Photoshop.

“Ni desnudarme me libera ni necesito ser salvada”, puede leerse en la fotografía de portada de uno de los grupos de Facebook más populares entre las partidarias de cubrirse el cabello (Muslim Women Against Femen). A todos los efectos, este grupo es la respuesta a la furiosa campaña anti islamista que Femen reactivó tras el arresto de la feminista tunecina Amina Sboui. Las 16.000 simpatizantes que esta página de Facebook ha logrado reunir hasta la fecha están esencialmente conectadas por una convicción: “Cubrirse el cabello es ‘cool’. Simpatizar con Femen es darle la espalda al Islam y ‘comulgar’ con las ruedas occidentales de molino”.

Estas defensoras del hiyab están mucho más lejos de la capitana Marvel que de Burka Avenger, una curiosa heroína de ficción paquistaní que se oculta bajo un burka por la noche para defender el derecho a la educación de las mujeres.

¿Quiénes se hallan detrás del grupo contrario a Femen y de otras páginas similares? La activista ucraniana Inna Shevchenko no alberga duda alguna de que todas estas páginas fueron creadas por “señores barbudos”. Cierto o no, al apuntar directamente hacia los “fascistas islamistas”, Shevechenko pasa por alto un hecho incuestionable: los desnudos-protesta de activistas árabes como Sboui o Elmahdi no sólo han desencadenado la ira de los “imanes-trabucaire” de la caverna coránica. Existe también un sector importante de musulmanas que no ve con buenos ojos las provocaciones de Femen y que entiende que la lucha por los derechos de la mujer no resulta incompatible con el respeto por los preceptos del Islam.

A este último grupo, pertenece un sector moderno de feministas islámicas que está cobrando empuje en torno a cierta idea: “El problema no está en el Islam, sino en la interpretación que los hombres hacen del mismo”. La cabeza más visible de esta tendencia es Musawah, un movimiento creado en Kuala Lumpur hace cinco años por mujeres procecedentes de diferentes países.

Tal y como ha dejado escrito en alguna ocasión la musulmana hispano-francesa Natalia Andújar, el asunto es relevante porque si tal y como sostiene Femen, el machismo es inherente al Islam, “no hay salvación posible dentro del marco religioso”. En otras palabras, las chicas de Mushawar han abierto una puerta a la liberación de las musulmanas sin volver la espalda a Alá.

Por otro lado, a juzgar por las encuestas y en contra de lo que se sostiene en Occidente, la mayoría de las musulmanas son partidarias de cubrirse la cabeza en sus países de origen. A decir verdad, ni siquiera se cuestionan el carácter patriarcal de las sociedades a las que pertenecen. O si se lo cuestionan, no pueden hacer público su desacuerdo sin poner en riesgo su seguridad e integridad personal, dado que la mayor parte de los países musulmanes carecen de un marco de libertades comparable al de Occidente.

En Irán, por ejemplo, exhibirse en público con el cabello descubierto se castiga con setenta latigazos y hasta sesenta días de prisión. Otros países musulmanes como Arabia Saudí establecen penas similares e incluso más duras. Y a pesar de ello, son ya 654.000 las simpatizantes de la página de Facebook Stealthy Freedom. Esta web se creó a mediados de este año para brindar un escaparate a las mujeres musulmanas que quisieran mostrarse en público con el cabello descubierto.