La crisis de la deuda

La crisis de la deuda Como ya decíamos antes, parecería que el capitalismo tiende a hacer a los diversos países parecidos. Hace solamente 30 años, la crisis de la deuda se sufría en países como los de América Latina, Asia o África. Los grandes y poderosos bancos, en especial el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, pusieron a disposición de estos países recursos en dinero, como préstamos, supuestamente para que se industrializaran o para aumentar su producción agrícola o ganadera.

Este dinero fue prestado con tasas de interés (se tenía que pagar el total de lo prestado más una cantidad de dinero, eso quiere decir que, si nos prestaban 100, teníamos que pagar como 125) que tuvieron como consecuencia que nunca se pagara lo prestado originalmente.

El caso de México es ejemplar: la deuda original se ha pagado ya cinco veces y sin embargo debemos más del doble de lo que nos prestaron. Eso ha generado que la mayoría de los países vivan con una deuda que, a pesar de pagar año con año, sigue creciendo, con lo cual nunca se va a acabar de pagar.

Ahora, en Estados Unidos y en Europa ha estallado la crisis de la deuda. Los bancos, otra vez el Fondo Monetario Internacional y el Banco Europeo, más una serie de bancos locales de Francia y Alemania, prestaron grandes sumas de dinero a países como Portugal, Italia, Grecia y España (ahora se les conoce con el despectivo nombre de PIGS –no hay que olvidar que España en inglés se escribe como Spain–, que quiere decir cerdos, cochinos), pero también como Irlanda o Islandia. Y ahora esos países o no tienen para pagar ni siquiera los intereses de esa deuda (como es el caso de Grecia) o tienen grandes dificultades para ello (sobre todo el caso de Italia). Sin embargo, la manera en que se utilizaron los préstamos ha sido igual en América Latina, Asia, África y Europa.

En los primeros países significó una fuente de recursos que sirvieron para que se crearan las grandes fortunas. Se vendieron empresas estatales a precios ridículos, se rescató a constructores de carreteras y a banqueros, se desató como nunca la corrupción (los funcionarios se robaron el dinero).

Lo mismo sucedió en Europa y Estados Unidos, en especial, el rescate de banqueros corruptos quienes jinetearon el dinero, es decir, utilizaron el ahorro de la población, no para generar préstamos para la inversión, sino para beneficiarse con inversiones propias en países donde no existe ninguna regulación para la inversión o en el lavado de dinero. Y, así, de la misma manera que lo que sucedió en países como el nuestro, la población despertó con deudas de miles que nunca había visto. La deuda fue utilizada por los grandes bancos trasnacionales como un magnífico disciplinador de los países pobres.

A partir de ese momento se firmaron las llamadas cartas de intención con las agencias internacionales como el FMI. Con base en esas cartas se estableció toda la política económica que el país en cuestión iba a seguir. Se les dictó toda su política económica, en especial lo que tiene que ver con el presupuesto.

Se dijo cuánto iba a ser el aumento de los salarios, cuánto la inflación (aumento de precios de los productos), cuánto el déficit público (la diferencia entre los ingresos y los egresos del gobierno, donde los segundos son más grandes que los primeros), etc. 41 En Europa y los Estados Unidos está sucediendo, ahora, una cuestión similar.

Se está utilizando la deuda como mecanismo para disciplinar a los gobiernos de toda esa parte del mundo para que aumenten los años de jubilación; por ejemplo, antes, en Francia, los trabajadores se jubilaban —dejaban de trabajar y recibían por todos los años que trabajaron una pensión mensual equivalente a su último salario— a los 60 años, ahora lo van a hacer a los 62. También para que disminuyan las prestaciones sociales, sobre todo en lo que tiene que ver con educación, salud y vivienda. En las cartas de intención se estableció que el gobierno se comprometía a reducir su gasto social (educación, salud, vivienda, cultura) y a poner a la venta las empresas que fueran de dominio público.

Que éstas se entregarían a manos privadas en posesión. Ahora en Europa se establecen una serie de disposiciones que los gobiernos de los países afectados están obligados a cumplir. Igual una reducción del gasto público, un aumento de los impuestos a los trabajadores y al consumo (cada cosa que se compre se le agrega un impuesto de entre el 10 ó 20 por ciento); un alargamiento de la vida útil de los trabajadores; un aumento en la explotación de los trabajadores del campo y la ciudad por medio de una caída en su paga (salarios) y un alargamiento de la jornada de trabajo, ya sea porque trabajan más horas, ya sea por que se trabaja a mayor velocidad y los productos se hacen en menor tiempo